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Año 12 - Edición Digital - Lunes 19 de Noviembre de 2018 - Rincón de los Sauces - Neuquén - Patagonia - Argentina
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HISTORIA   lunes | 17-08-2015 | 12:18
¿Cómo llegó a Rincón Raúl Horacio Torrecilla?

El perfil de un hombre preocupado por su comunidad. Fue comerciante, presidente de la Cámara de Comercio y fundador del Centro de Jubilados y Pensionados de Rincón de los Sauces, entre otras actividades. “Quiero a este pueblo como propio y no permito que se hable mal”, afirmaba.

El domingo 16 de agosto falleció Raúl Horacio Torrecilla, presidente del Centro de Jubilados de Rincón de los Sauces.

A fines de febrero de 2009, El Periódico de Rincón en su edición 45, le realizó una entrevista en su chacra en la zona de la Costa. A continuación, reproducimos los principales tramos.

Raúl Horacio Torrecilla nació en San Rafael, Mendoza, el 2 de marzo de 1939. Llegó a Rincón de los Sauces en 1970. Se casó el 24 de agosto de 1968 con Ester Rosalinda Landete y tuvieron 2 hijos: Diego Luis, quien nació el 23 de julio de 1973 y Carlos Ezequiel, nacido el 31 de julio de 1986.

Su primer viaje a Rincón, fue en el año 1970, cuando junto a su cuñado, Vicente Carlos Landete, llegaron a estas tierras con un camión, con la idea de formar una empresa familiar. “Un día apareció mi cuñado y me dijo que iban a fundar un pueblo, que no había nada de nada y que quería poner un negocio. Esa fue la primera vez que escuché el nombre de Rincón de los Sauces”.

Así fue como Raúl y Vicente Landete cargaron el camión de Don Manuel (padre de Vicente y suegro de Raúl) con materiales de construcción y luego de cuatro o cinco días de penosa travesía por campo traviesa, llegaron a estas tierras, junto con su suegro. Rincón era un lugar en donde no había nada y “todo era un infi erno”, recuerda.

“El viento nos volteó 3 veces seguidas la construcción. No terminábamos de levantarla, y los ventarrones nos tiraban abajo las paredes de ladrillo”, afirma Raúl.

De aquellos primeros tiempos, Torrecilla recuerda que las autoridades sólo se acercaban cuando era la época de votación, “lo mismo que ahora”. “Un tiempito antes de que fuera electo presidente Cámpora, conocí a Don Felipe Sapag, quien era gobernador de facto y se retiró para participar en las elecciones y las ganó”.

De uno de esos viajes, propios de funcionarios que inauguran obras públicas, Raúl recuerda cuando Felipe Sapag durmió la siesta en su cama. “Ese día inauguró la ciudad y cuando terminó se dio vuelta y dijo -ahora les voy a hacer el asfalto-”. Al regresar 19 años después todavía no estaba hecho el asfalto y acoto: “es un servicio que se venía prometiendo desde que el pueblo ha nacido”, sostiene Torrecilla.

Comenzaba la década del 70 y el negocio familiar de los Torrecilla – Landete iba viento en popa. “Esos años fueron muy difíciles. Nosotros vivíamos en un departamento de adobe que había hecho Pedro Sánchez (Primer presidente de la Comisión de Fomento). Cuando corría viento, no podíamos abrir la puerta, la arena formaba una muralla contra la puerta y teníamos que salir por la ventana de atrás”.

“Ya en 1973, habíamos hecho el salón y dos habitaciones con la cocina al medio. El negocio marchaba muy bien pero surgió un problema familiar y decidí regresar a Mendoza”.

“Con mi cuñado siempre me llevé muy bien y seguí viniendo a Rincón y siguió yendo gente de acá a parar a mi casa en San Rafael. Pese a haberme ido, mi afi nidad con Rincón siempre fue muy cercana”, sostiene.

En su tierra natal Torrecilla se dedicó a la agricultura, compra venta de frutas y verduras para terceros, y la administración de campos, pero siempre regresaba a estas tierras de paseo. En el año 1990, luego de que una pedrada acabara con toda su cosecha de frutas, Raúl decide volver a Rincón.
“Mi cuñado me dice: mirá esto va a explotar. Y me entusiasmó. Me vine y la municipalidad me dio un terreno, en la calle San Martín y Pampa, me puse a edifi car un salón. Tenía 49 años, coraje de sobra, una esposa que me acompañaba. Vinimos con una Chevrolet modelo 1975, comenzamos a rebuscárnoslas”.

“¿Qué hacía? Vendía chivos. Llevaba puesteros para el Chachagüen, pasaba la noche y regresaba con los chivos para vendérselos a Raúl Bustamante, que tenía una carnicería donde esta Rueda (ex intendente), cerca de la librería”.

“Yo les vendía los animales a él porque los conseguía a buen precio. Se los cambiaba por mercaderías para un kiosco de mi señora. Así empezamos”, cuenta con orgullo.

“En el año 1991, dormíamos en el piso, por el calor y teníamos el agua en un tacho. Mi mujer lloraba, porque se preguntaba qué había hecho ella para recibir tremendo castigo. No sabés lo que era el calor y la tierra, caían los chorros de tierra por el machimbre del techo”, sostiene.

“No había teléfonos ni televisión y si no tenías un buen equipo de radio, ni onda corta podías escuchar. Recién a fines del 91, Gustavo Gajewski, puso unos bafles en la esquina de la plaza. Esa fue la primera radio que teníamos”.

Mientras hacía lo posible por poner en marcha su negocio, Torrecilla comenzó a trabajar con Landete, quien tenía que hacer todas las cloacas de SADE y los jardines de la Pérez Companc. “Me dediqué a hacer cloacas y jardines, estuve a cargo de una cuadrilla de albañiles”, a lo que aclara que “de cloacas y jardines no se un pito. Pero salieron bien y ganamos plata”.

El mercado del matrimonio Torrecilla – Landete, fue creciendo a paso firme entre 1992 y 1993. En el año 1993, Raúl se hizo comisionista y se dedicó a realizar gestiones, traer y llevar encargos, realizar compras, trámites y repartos, entre otras cosas. “Y ahí ya me pude comprar una camioneta mas linda. Una Ford 84 diesel, la anterior era naftera”.

“Poco a poco fuimos luchando con el negocio, que llegó a ser muy importante y un día, sin querer, me nombraron presidente de la Cámara de Comercio”, dice Raúl. “Siempre fui de la idea de que hay que agruparse y algo de experiencia ya tenía, porque había participado en la Sociedad Rural de San Rafael”.

Durante su participación en la cámara, Torrecilla trató de que se hicieran cosas para el futuro. “Se luchó mucho para que asfaltaran la ruta, por conseguir agua potable, por darle un mayor impulso a la acción social. Presionábamos mucho al intendente para que se hiciera tal o cual cosa”, dice.

Entre tantos reclamos y luchas emprendidas, Raúl recuerda la pelea por el agua potable. “YPF contaminaba el río y nosotros usábamos esa agua para consumo. Entonces le pedimos que se encargaran de la obra de agua potable. Como no hacían caso, tuvimos que salir a las rutas. Hasta vino Don Felipe, porque no aflojábamos. Y eso se logró por una lucha del pueblo completo, respaldada por la Cámara de Comercio. Principalmente por las mujeres de Rincón entre
las que se destacaban Lidia Anaya (concejal entre el 2007 y 2011) y la doctora Soledad Rangone”.

También menciona los reclamos conjuntos al COIRCO (Comité Interjurisdiccional del Río Colorado) a la secretaria de Medio Ambiente del gobierno menemista, María Julia Alsogaray, para que no se contaminara el río.

La participación en la Cámara de Comercio y el trajín de su vida, le trajeron a Torrecilla muy buenos momentos, “algunas agarradas” e innumerables anécdotas. Siempre preocupado por su comunidad, Raúl hizo gestiones para mejorar la comunicación y los accesos a Rincón.

Cuando se realizó esta entrevista, Torrecilla reflexionaba sobre la Cámara de Comercio y opinaba que “es una pena que ahora la Cámara de Comercio este abandonada. Toda entidad intermedia en un pueblo sirve”, reflexiona Raúl y agrega que “llegamos a tener 120 socios, hasta hicimos la integración al ISSN en esa época”.

Recordó que durante su gestión se adquirió la sede de la entidad con dinero dejado por la comisión anterior y en gran cantidad con el aporte de la propia comisión y algunos socios. La contabilidad de la Cámara estaba al día y no contaba con deudas vencidas.

En el año 2004, el matrimonio Torrecilla-Landete decidió que era hora de cerrar el negocio, dividir el salón para alquilar y comenzar con la construcción de su chacra, en la Zona de la Costa. Es en esta finca, ya retirado, en donde Raúl reflexionó sobre el futuro. “Varias veces hemos pasado por estas situaciones. Cuando estuvo don Felipe Sapag, el barril llegó a valer 14 dólares y hace un tiempo trepó hasta los 150. Nosotros somos petroleros”.

“No se lo que les pasa a los gobernantes. Lamentablemente en Rincón la gente que puede llegar a ser administradores del pueblo, no se mete en política. Si sos empleado de una petrolera y ganás el doble que el intendente, ¿Para qué te vas a meter en política?”, decía.

“Creo que es muy difícil opinar y pensar con futuro. Cuando estaba en la Cámara de Comercio se elaboró un proyecto de ordenanza que fue aprobado en el Concejo Deliberante y fue enviado a la legislatura provincial, que debe estar cajoneado, en donde se pedía una regalía volcada en obras, y no en plata. La idea era que todas las productoras de hidrocarburos de la zona pagaran anualmente. Nunca se pudo llegar a hacer, por los intereses que hay en juego”.

“Hoy por hoy, Rincón no tiene previsto un futuro sin petróleo. Yo creo que los gobernantes nos tienen aislados porque piensan lo mismo, pensá sólo en que no se hacen los 8 kilómetros faltantes de asfalto en la ruta”. (Nota de la redacción: la ruta terminó de asfaltarse en el año 2012).

También lucharon para empalmar la Ruta 6 hasta la 40. Se logró hacer el tramo Crucero Catriel hasta Rincón, que tiene unos 58 kilómetros, inaugurado por Don Felipe Sapag, quedando 25 kilómetros para llegar al limite con la provincia de Río Negro.

“Ninguna autoridad prevé nada por Rincón de los Sauces, todos se van dejando llevar por la evolución. Este es el típico ejemplo de vayan y hagan, todo el mundo nada a favor de la corriente que en algún lugar vamos a salir”.

“Fijate, ¿Qué se puede pensar de Rincón si tenés la necesidad de viajar una vez por semana a la Capital? Una vez Bulacio, uno de los jefes de YPF, me dijo que se iba a llevar a toda la familia a Neuquén porque acá no había ningún atractivo para la mujer. Acá sienten claustrofobia, se sienten encerradas, no tienen adónde ir, ni dónde comprar”.

“En la zona hay un porcentaje muy grande de matrimonios separados, creo que, en términos generales, por las necesidades que tienen las mujeres. Es hora de que si queremos ser ciudad, hagamos las cosas como en una ciudad, nadie piensa en el mañana”.

Las quejas de Raúl son viscerales, propias de quien a trabajado en beneficio de la comunidad y quizás por eso, se animó a aceptar el cargo de segundo concejal en la lista que encabezaba Lidia Anaya en el Frente Rinconense para la Victoria, en las elecciones municipales. “Acepté la idea porque Lidia Anaya me lo pidió, pero no me dieron los números. Me hubiera gustado ser concejal, pero ya fue”, comenta.

Raúl Torrecilla. Un hombre ligado al cultivo de frutas y hortalizas que perdió todo y comenzó otra vida a los 49 años en Rincón de los Sauces, ciudad a la que estuvo ligado desde 1970 y por la que trabajó incansablemente.

“Como ciudadano quiero a este pueblo como propio y no permito que se hable mal, pues todos llegamos acá con un montón de ilusiones que más o menos se nos han cumplido. ¿Cuáles? Paz trabajo y prosperidad para nuestros hijos. Cosas que no debemos olvidar cuando llegue el momento de luchar por este, nuestro pueblo”, concluyó.
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