Cuenta la historia que un 27 de agosto de 1910, en la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas reunida en Copenhague, Dinamarca, se proclamó el Día de la Mujer de carácter internacional para el 8 de marzo, como homenaje al movimiento en favor de los derechos de la mujer y para ayudar a conseguir el sufragio femenino universal.
La propuesta fue aprobada unánimemente por la conferencia compuesta de 100 mujeres procedentes de 17 países. Entre los antecedentes históricos que pudieron servir de inspiración para la elección de la fecha, se encuentran dos hechos importantes que ocurrieron alrededor del 8 de marzo en Estados Unidos.
El primero fue una gran marcha de trabajadoras textiles en el año 1857. Miles de mujeres marcharon sobre los barrios adinerados de Nueva York, en protesta por las miserables condiciones laborales.
El segundo ocurrió en marzo de 1908, donde 40.000 costureras industriales de grandes fábricas se declararon en huelga, demandando el derecho de unirse a los sindicatos por mejores salarios, una jornada laboral más corta, entrenamiento vocacional y el rechazo al trabajo infantil.
Durante esa protesta, 129 trabajadoras murieron quemadas en un incendio en la fábrica Cotton Textile Factory, en Washington Square, Nueva York. Los dueños de la fábrica habían encerrado a las obreras para forzarlas a permanecer en el trabajo y no unirse a la huelga.
Tales tragedias fueron algunos de los antecedentes para la instauración de un día que recién fue proclamado como lo celebramos ahora, por la ONU en 1977, aunque a lo largo de la historia, las mujeres hayan desempeñado un papel de suma importancia en la participación política, económica y social en la humanidad.
Pese al paso del tiempo, lograr la democratización en la plena participación de las mujeres en la vida social, económica, civil, política, cultural tanto a nivel, local, nacional, continental y mundial sigue siendo un objetivo primordial, sumado a la eliminación de cualquier forma de discriminación.
Sería absurdo pensar que a estas alturas se ha conseguido todo, ni mucho menos. Sólo basta seguir por los diversos medios de comunicación los casos de violencia de género y trata de personas, para notar que los avances son escasos, ya que sigue habiendo discriminación laboral, siguen existiendo diferencias salariales y sigue existiendo acoso sexual, por mencionar algunos de los derechos que continúan siendo avasallados.
Ya desde antes de que Rincón de los Sauces sea fundada como ciudad, cientos de mujeres forjaron su presente y futuro. Es el caso Edith Elena Palacios, a quien llamaban “Chola”, esposa de Guillermo Sánchez, primer presidente de la Comisión de Fomento, siendo ella la primera maestra de la localidad.
Allá por el año 1970 llega “Moni”, llamada realmente Ramona Jara, quien junto a su esposo Vicente Carlos Landete, trabajó a su par, donde en todo lo que emprendieron, como ser un restaurante, alojamiento, venta de repuestos, y cuanto se propusieran en esos tiempos llevaron adelante forjando un futuro para su familia. “Moni” y Landete fueron los primeros que tuvieron licencia comercial en la ciudad.
Pero más allá de los ejemplos que siempre son arbitrarios, va nuestro homenaje y reconocimiento a todas las mujeres que día a día intentan acortar la brecha de diferencias existentes, con la tenacidad de quienes no bajan los brazos y trabajan a diario por la igualdad de género.
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