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Opinión

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La columna de Charly Hernández

Una vieja costumbre argentina de crear ídolos y colocarlos en un pedestal, hasta que nos damos cuenta que son iguales a nosotros.
Horacio Beascochea
Por Horacio Beascochea

Espero que la vida le este dando buenos frutos a pesar de los vaivenes de la economía que cada día tenemos que vivir. La inspiración, la motivación, las ganas de todos los días no son iguales y a medida que van pasando los años nuestro andar es más lento y prudente para que nuestros errores no nos causen demasiado daño que afecte en demasía nuestra vida emocional. En esta columna del día de hoy quisiera salir de lo político y quisiera volcar mis pensamientos sobre algo más de lo que experimentamos los argentinos. Que de todo lo que nos atrapa demasiado hacemos una egolatría y un ídolo al cual inmortalizamos o lo beatificamos en nuestro corazón.

Por mi concepción ideológica y mi enseñanza educativa nunca he sido un fanático de nada pero si muy pasional en lo que estoy plenamente convencido en cuanto a su credibilidad. No soy muy demostrativo pero plenamente consiente de la separación que hay entre el talento de una persona a lo que puede ser su humanidad. Las personas deshumanizan a sus ídolos, será por eso que la decepción puede ser grande si tienen la oportunidad de conocerlos en su forma estructural, o en lo cotidiano de su andar. No hablaré de lo político, ni de el fútbol, ni de la religión pero sí me gustaría hablar de los músicos que como talentosos algunos son ejemplos de vida y otros un desastre en sus vidas personales. Por supuesto que no se puede generalizar este tema por que tenemos grandes cantantes que son excelentes personas pero solo por que lo hemos escuchado de la boca de otros y no por haberlos conocidos.

¿Ha cuántos a tenido la oportunidad de conocer usted? Y no me venga con eso de que “Yo me saqué una foto con él” o “me dio la mano desde el escenario” “o “Me firmó un autógrafo” ¡¡¡bahhh!!! Yo conozco a un tipo que tiene fotos con casi todas las celebridades de la argentina porque cada vez que va de veraneo se pone en la puerta de los teatros y se saca foto con ellos o con ellas, ni hablar ahora con la internet que podes estar sentado fumándote un habano con Fidel Castro y dándole la mano al Che….

Personalmente podría decirles que por mi profesión he tenido la oportunidad de estar muy cerca de algunas personalidades, como por ejemplo en una conferencia de prensa con el doctor Raúl Alfonsín en el Hotel Comahue, le di la mano al embajador de Israel pero no crucé ni una palabra con él (hay veces que me cuesta entender lo que digo así que; obvio que no entendía nada de su lengua) los que sí se cruzaron delante de mí fueron sus guardaespaldas y en ningún momento mostraron simpatía. Conocí a Pablo Díaz único sobreviviente de “El pozo de Banfield” que todos conocemos como la “Noche de los lápices”. Yo estaba en la secundaria y él venía presentando la película que se hizo en reclamo del boleto estudiantil.

La movida rosarina llego un día a Neuquén y jugué un papi futbol en el Parque central con Rubén Goldín, Lalo de los Santos, Ricardo Fandermóle, Adrian Abonizio y Juan Carlos Baglietto. En esa oportunidad no vinieron Fito Páez ni Silvina Garré. Con los que tuve un mano a mano fueron con León Giéco en un hotel de Cutral Co, Media hora desayunando con él cuando sacóla placa de los “Orozcos”, fue un gran regalo y toda una odisea conseguir esa nota a solas con él pues yo crecí con sus canciones y ahí lo tenía, frente a mí.

Unos amigos de la Universidad Nacional del Comahue habían hecho la gestión para que uno de los hermanos de Ernesto “Che” Guevara viniera a Neuquén. para que diera un par de charlas sobre el socialismo y todo eso, fui a una pero la figura del Che se lo devoraba. La gente quería saber más de su vida en la Argentina y de su paso por la revolución, por ser el hermano pero a lo que había venido quedó en un segundo plano. El primer día que llegó lo llevaron a una casita de esas que hace el estado provincial, allá por el barrio San Lorenzo. Se sentó a comer unos ñoquis que los muchachos, que eran de la corriente socialista, le habían hecho. Al lado mío lo tenía a mi derecha. Yo lo escuche en todo la comida, socialismo por aquí socialismo por allá, Los ñoquis estaban un espectáculo con esa salsa de pollo, bueno llegó la hora de irnos y mi amigo que me había invitado a esa comida me pregunto ¿vos sabés con quien estuviste comiendo? Yo para esa época no estaba en UNC estudiaba mi secundario, le dije “Ni idea” algún socialista de Bs As eso es seguro” respondí. Adrián, así se llama mi amigo, con vos exultante me replicó “¡Es el hermano de Che, del Che Guevara!”. Me quedé pensando un rato mientras caminábamos pero no estaba tan emocionado como mi amigo. Que le vamos a ser así es la vida, uno puede estar sentado con alguien importante por su descendencia histórica o su pasado aberrante y ni darse cuenta.

Pero volviendo sobre la idea con la que comenzamos, a medida que vamos creciendo nos damos cuenta que estos seres humanos no están tan lejos de lo que nosotros somos y se equivocan cuando se quieren transformar en aquello para lo cual no están hechos , como por ejemplo dedicarse a la política u otra yerbas, tienen todo el derecho pero…. Como nosotros nos equivocamos en pensar que sus vidas son una canción. Baglietto en uno de sus temas dice “si el músico es sincero toca trozos de su vida” hay una gran parte que la inventan o se las escribe otro.
Todos tenemos algún definido gusto por la música y sus letras sea cual fuere. Ha dependido de nuestro estado de ánimo, nuestra edad y que estábamos viviendo cuando la estábamos escuchando y de esta manera pasaron a hacer parte de nuestra extensa experiencia de vida.
Las jovencitas se enamoran de los cantantes y los chicos se ratonean con sus bellezas aunque sean horribles sus canciones. En la madurez uno piensa que las cosas deberían cambiar y es así pero no tanto. Lamentablemente la idolatría enceguece a las personas y los vuelve irracional. No piensan con lógica y los saca de la cordura con que pensarían habitualmente. Les han hecho altares donde los santifican como mediadores ante sus necesidades, les tiran sus ropas interiores en los recitales, hacen sus tribus para diferenciarse y ellos son simplemente personas, unos más locos que otros.

Los hay centrados y pulcros, como si escuchar música clásica es ser de una alta casta social y la cumbia de delincuentes irrecuperables Es cierto que una gran exposición los separa del resto de la multitud pero es que nosotros somos los culpables de hacerlos inalcanzables. Yo canto porque me gusta pero no nací para cantar, los oyentes en mi radio me piden que me calle porque dejo el micrófono prendido y me divierto parafrasear con los cantantes. La música es el arte de combinar los sonidos, si a eso le agregamos una buena letra con una excelente voz, tenemos la formula perfecta para soñar, enamorarnos, distendernos o recordar tiempos pasados.

Dicen que la música calma a las bestias. En estos tiempos de tanta exigencia mental por los problemas económicos y las malarias sociales porque no darle gracias a estos seres humanos que nos regalan un tiempo de distención con sus creaciones, mientras nos sentamos y nos deleitamos con nuestro cantante preferido pensando un futuro mejor.
Un Servidor Charly Hernández

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