En esta última semana me he tenido que replantear cosas que no tienen explicación razonable en el mundo de los vivientes. Solo un profundo dolor que deja un sabor amargo por el gran desprecio por la vida, sin importar por la presión que se pueda estar pasando.
A partir de la muerte de estas dos jovencitas en la provincia de Salta por medio de un ahorcamiento prácticamente pactado, tuve que recordar imágenes y pensamientos que tenía en el olvido. No hay psicología que resista a cualquier planteamiento ante tamaña decisión y como quien se ve en la triste realidad de asistir a un horroroso accidente, la imagen se torna una tortura de la cual es difícil de olvidar.
La naturaleza humana nos indica que todo tiene una transformación y un desgaste, una vida útil que el hombre pretende estirar con mágicas cremas y tratamientos para no envejecer o prácticas quirúrgicas que le añaden al cuerpo ciertos atractivos y levantan la autoestima. Otros eligen lo místico o lo espiritual para encontrar ese equilibrio que les permita estar bien con su propio yo o con su dios y aceptarse como son. Sea lo que sea, siempre se trata de estar bien y vivir lo más que se pueda. La gente muere y es una realidad inevitable pero cuando es de una manera drástica o prematura e inducida, causa un profundo dolor que se entremezcla con la bronca de lo inexplicable. La duda de si podríamos haber hecho algo para poder evitarlo y la autocondenación por no habernos dado cuenta que esa persona estaba a solo un paso de saltar donde nunca hemos pisado.
Mi bisabuela murió en su pieza, después de haber pedido un vaso de agua, a los 116 años aunque decían que tenía más porque ella vivía en el campo y al registrarla en la ciudad ya tenía como cinco años. Yo la vi caminando por las calles de su casita en el Bouquet Roldán en Neuquén capital, con su bastoncito que era un paraguas. La “Eduviges”, como se llamaba, tenía la voz cortada y el tranco lento. ¡Cuánto me hubiese gustado conversar de su historia!. Aquel fue un año fatal. Luego, a mitad de año, a mi abuela Rosa, hija de Eduviges, le ocurría una embolia cerebral, terminando con una operación en Buenos Aires y falleciendo en el Castro Rendón. La velamos en casa. Todavía se mantenía esa tradición. No había terminado el año cuando mi viejo Felicindo, hijo de mi abuela Rosa, producto de una gran depresión se volcó de lleno al alcohol. Una cirrosis le produjo tres paros cardíacos en casa y se lo llevó, yo solo tenía apenas 12 años. El dolor tiñó a mi familia y el tiempo nos templó. Soy el anteúltimo en la escala familiar, ocho hermanos en general. Los dos mas grandes no los conocí, se los llevó la fiebre “amarilla” como se le decía, y el último nació muerto. Pero fui el primero en partir de mi casa y mucha agua ha corrido debajo del puente. Descubrí mi verdadera vocación y con ella me he mantenido y es la que me trajo hasta aquí, a “Rincón de los Sauces” tierra de oportunidades y de gente muy sufrida, de buenos sueldos pero con terribles necesidades existenciales.
Mi vida desde esa época de Neuquén hasta aquí es un gran paréntesis, creo que la historia fue totalmente diferente pero siempre trabajando de lo mismo. Muy rápidamente me hice conocer por lo agresividad de las entrevistas, cargadas de conocimientos que el vecino ni los políticos estaban acostumbrados a escuchar en una ciudad de tan sólo 6.000 habitantes.
Habían pasados casi tres años cuando conocí a Juan Carlos, un muchachito joven con mucha vitalidad. Conducía un programa por la tarde y era nuestro notero en la calle o movilero como usted lo prefiera por la mañana, era el que se metía en los rincones para hablar con los vecinos angustiados por la falta de respuesta a sus necesidades. De esta manera yo hice mis inicios en radio allá por la república de Cutal Có. Aquel verano fue muy caloroso, me acuerdo que, Juanca, los fines de semana animaba el boliche más grande de aquella época. Para esa altura del año la gente se iba de vacaciones y una familia le había dejado encargada una casa para que la cuide, esa semana convivimos unos buenos momentos, los dos estábamos alejados de nuestras familias así que me invito a pasarla unos días con él. Andaba de novio con una chica y parecía que la cosa venía seria. Una tarde de calor insoportable andábamos en el auto de otro amigo dando la misma vuelta del perro que hace en el día de hoy la gente cuando sale. Vimos una multitud que se agolpaba enfrente del boliche en un departamento, todo era confusión y mucho llanto, "se había ahorcado Juan Carlos”, no lo podíamos creer!!! ¿Era el que conocíamos, el que trabajaba con nosotros? ¿Con el que había estado viviendo unos días antes? Sí era él
Más tarde nos enterábamos que fue por cuestiones sentimentales. Me pregunta usted si charlamos acerca de la muerte o cuestiones de la vida o algún indicio de te podría tomar esta decisión. Nunca lo hizo, por lo menos conmigo.
Rincón desde aquella época a este tiempo tiene estadística de personas que se han suicidado y el común denominador de su detonante han sido la separación o los problemas de parejas. Yo solo quiero compartir los que estuvieron muy cerca de mí.
Hay muchas personas que conviven con la soledad y no digo de estar a solas, hablo de soledad y esto aunque no se manifieste en lo inmediato tarde o temprano se va ha exteriorizar. ¿Qué es lo que pasa por la mente de un suicida para tomar tamaña decisión de interrumpir su vida por no aguantar la presión? No lo sé, pero si sé que no hay nada de virtuoso en la muerte, no me vengan con eso de que hay que tener mucho valor para quitarse la vida. La irracionalidad de ese momento donde la ceguera nos vuelve unos cobardes para no enfrentar lo que venga y dejar un dolor tan profundo y toda una vida llenas de preguntas a los que sí decidimos vivir, no tiene ningún justificativo.
“Pablo” se había separado y no soportaba esa situación. Todos los días nos juntábamos a comer al mediodía. Fue asesor de un concejal del partido vecinal que su propio padre había fundado, nunca hablaba de su problema. Compartíamos viejas rencillas de la política, hablamos de proyectos, nos divertíamos hablando de algunos personajes, pero nunca de aquello que al parecer tanto lo agobiaba se tocó en la mesa. Un fin de semana viaje a Cutral Co y me anoticiaban por teléfono que lo habían encontrado colgado, arrodillado en el patio de la casa de sus padres. Habló con su hijo antes y dejó una nota. No me pidan que entienda estos patrones de conducta que la mente maquina en soledad, manejándose como autista sin dejar ver cuál será su real propósito. Esta semana hablé con una persona, que su mujer y un vecino lo agarraron de las piernas cuando ya tenía la soga en el cuello y yacía colgado del techo después de haber pateado la tabla de planchar para quitarse la vida por sus problemas matrimoniales. No se acuerda muy bien cómo llegó a esa situación.
Muchas personas se han quitado la vida de diferentes maneras, la lista es muy larga, pero lo único que han causado es dolor y sufrimiento a los vivos. Primero viene el dolor y el sufrimiento, luego muchas preguntas y una bronca incontenible que solo calma el tiempo. Un gran abrazo querido lector y Dios sane nuestros corazones en los momentos malos vividos y nos permita ver la solución en cada situación.
Charly Hernández Un Servidor
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