Es bueno recordar los orígenes de las luchas argentinas para poder ver con más claridad la desviación de la misma en nuestra actualidad. Es por eso que me gustaría ir un poco hacia atrás y hablar de doña Azucena Villaflor y una lucha que terminó en secuestro. Ella fue la fundadora de las Madres de Plaza de Mayo.
Para Azucena Villaflor De Vicenti la peregrinación comenzó en los primeros días de diciembre del 76, cuando comenzó a inquietarse porque no tenía noticias de uno de sus cuatro hijos, Norberto, ni de su nuera Raquel Mangín. Azucena intuyendo algo terrible, reconstruyó los pasos de su hijo, localizó la inmobiliaria y dio por fin con la casa de la calle Agüero, de Villa Dominico, que la pareja había alquilado.
Fue la propietaria quien le dijo que los jóvenes habían sido secuestrados el 30 de noviembre de ese mismo año y que a Norberto lo habían sacado malherido, era 1976. Seis meses después, el 30 de de abril de 1977, Azucena convocó a la primera ronda en la Plaza de Mayo. La voz se corrió entre el puñado de mujeres que se habían conocido en las colas que desde las cinco de la mañana se formaban a las puertas del Ministerio del Interior. Eran las mismas que volvían a rencontrarse en la capilla Stella Maris, de Retiro, donde era dueño y señor un hombre relativamente joven de cara afilada y buenos modales que las escuchaba de pie, sin ofrecerles siquiera un asiento.
Ese individuo sinuoso se hacía llamar “monseñor” Emilio Grasselli, era el secretario de Adolfo Tortolo el ultra montano vicario castrense. A Azucena Villaflor algo le sonaba falso en la estudiada piedad del sacerdote. La corazonada no le falló. Dicen sus compañeras de la plaza que ella era una mujer valiente y se definía peronista. En su caso la afiliación política resultaba casi una fatalidad.
Villaflor había nacido el 7 de abril 1924; su madre Emma Nitz, tenía poco más de 15 años; su padre era Florentino Villaflor, trabajador de una lanera.
Azucena tenía una historia típica; al terminar la escuela primaria, su padre le hizo saber que hasta allí llegaban sus posibilidades y de allí en más debía ganarse la vida. Entro a trabajar como telefonista de Siam, la fábrica de electrodomésticos que se había convertido en estrella del proyecto de sustitución de importación. En Siam conoció a Pedro De Vicenti, delegado de la Unión Obrera Metalúrgica.
La actividad sindical no era ajena a Villaflor. Por el contrario, además de la relación estrecha que la unía a Magdalena, la única hermana mujer del florentino, todos o casi todos en Avellaneda conocían a su tío Aníbal Villaflor. El hombre, que enorgullecía a sus parientes, había participado del 17 de Octubre. Es más, era amigo del abogado Mario Landaburu, que “Don Aníbal” solía mencionar por su militancia laborista y la creación del “CUS”, Comité de Unidad Sindical de la provincia de Buenos Aires, al que le atribuían un rol principalísimo en el movimiento. Don Aníbal alcanzaría a ser, con el tiempo, delegado interventor del municipio de Avellaneda.
Azucena, entre tanto, cuidaba de su casa y de sus hijos. Las conversaciones de las tardes en la casa de la calle Crámer 117, de Sarandí, sin embargo no dejaba de mencionar la militancia de sus primos, Raimundo y Rolando Villaflor hijos de Don Aníbal y del otro, José Osvaldo Villaflor dirigente gráfico, militantes todos de la CGT de los argentinos.
Se mencionaba como una hazaña- en todo caso, se le parecía- que ha mediado de los 50, con 22 o 23 años Raimundo había sido elegido secretario general de la comisión interna de Tamet, una de la más grandes metalúrgicas de la época. Rodolfo Walsh hizo de Rolando y Raimondo Villaflor- quien juntos a José Osvaldo formaron parte del Peronismos de Base y de las Fuerzas Armadas Peronistas- los protagonistas de ¿Quién mató a Rosendo?, el libro que señala a Augusto Timoteo Vandor, el poderoso secretario general de la UOM, como responsable del tiroteo en la pizzería Real, frente a la Plaza Mitre en pleno centro de Avellaneda. Era casi inevitable que uno de los hijos de Azucena se sumara a la militancia peronista.
La búsqueda desesperada de Azucena por encontrar a su hijo y a su nuera termino con su secuestro el 10 de diciembre de 1977. Fue llevada a la ESMA igual que su primo Raimundo y que la hermana y el cuñado de este, Josefina -“la Negrita Villaflor”- y José Luis Hazan. Ni Néstor, ni Raimundo, ni Josefina, ni Hazan volvieron aparecer.
Los restos de Azucena Villaflor, fundadora de las Madres de Plaza de Mayo, fueron identificados a mediados del 2005 por el Equipo Argentino de Antropología Forense, junto a los de otras dos pioneras. Esther Careaga y María Eugenia Bíanco.
Esta es la historia, queridos amigos, de una madre que vivió a la sombra de la vida sindical y política, que la suerte de una época intransigente no solo le llevara parte de su familia sino que dio su vida por buscarlas. Hoy da mucha lástima ver como parte de esas madres que comenzaron con la lucha por recuperar a sus hijos secuestrados y muchos se encuentren todavía desaparecidos, se las pueda ver involucradas tan políticamente con un sector y metiéndose en cuestiones de Estado como militantes políticas. Sospechadas de corrupción y haciendo actor para defenestrar a aquellos que no piensan igual que los Kirchner.
He respetado toda mi vida su lucha y la seguiré respetando porque no toda esta organización ha perdido el rumbo de lo que las llevó a juntarse y caminar para pedir justicia por sus familiares desaparecidos. El poder tiene estos efectos de embotamiento, hoy solo mirar y escuchar en un discurso a la señora Hebe de Bonafini con su pañuelo en la cabeza y defendiendo intereses partidarios llega a repugnar. Perdieron el objetivo, hoy solo les gusta estar en las primeras filas de los asientos en las grandes galas que hace la Señora Cristina y que les palmeen la espaldita.
El Diego dijo “La pelota no se mancha”, los argentinos podríamos decir que “el pañuelo no se mancha” ese pañuelo, símbolo de una lucha incansable por los Derechos Humanos, por el Nunca Más, la voz de aquellos que no están pero que viven en cada reclamo para pedir justicia y esclarecimiento de ese exterminio sistemático de aquellos años de tanta impunidad.
Me pareció interesante poder repasar un poco la vida de Azucena Villaflor como miembro principiante en la lucha por descubrir el destino de parte de su familia y fundadora de las Madres de Plaza de Mayo que hoy ostenta la señora Bonafini, que dicho sea de paso, hay muchas madres asociadas a esta gesta que no comparten para nada como acciona Hebe y han separado sus actividades de las que se realizan en Buenos Aires, que se han transformado más en un movimiento político que de reclamos por la aparición de los que han sido secuestrados y desaparecidos.
Es sabido que el poder corrompe aquellos que en sus mentes permiten poner un precio a sus vidas. Duele el saber que no nos van quedando muchos referentes en quien confiar. La mayoría hablan con un doble discurso siempre pensando primero en su propio bienestar y se tonar cada vez más difícil separa esa línea delgada entre la honestidad y el compromiso asumido en la palabra.
Ese “Pañuelo Blanco” símbolo de búsqueda y lucha no se debería mezclar con pasiones sectoriales en los sistemas partidarios. Porque así como yo que no tengo parientes desaparecidos pero tengo un profundo sentimiento de compromiso para que se sepa la verdad, sintiendo el dolor generalizado de esos cuerpos flagelados por el solo hecho de no pensar igual. No dejemos que nos confundan aquellos que han perdido el rumbo. Los desaparecidos no deben ser bandera de nadie pero el compromiso de todos.
En estos tiempos de política partidaria no permitamos que se utilicen a nuestros muertos y desaparecidos para hacer campaña.
Queridos amigos, como siempre hasta una próxima entrega y que las bendiciones toquen nuestras vidas.
Su servidor, Charly Hernández
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