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Opinión

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La columna de Charly Hernández

"Tenemos derechos y obligaciones y el respeto a tan solo a estas dos magnificas palabras nos garantiza vivir tranquilos en sociedad", parte de esta nueva columna de opinión.
Horacio Beascochea
Por Horacio Beascochea

“Volver a los 17 después de vivir un siglo, es como descifrar signos sin ser sabio competente, volver a ser de repente tan frágil como un segundo, volver a sentir profundo como un niño frente a Dios, eso es lo que siento yo en este instante fecundo”… Qué hermoso tema de la señora Violeta Parra con una reminiscencia de la pureza y esas ganas de volver a ser joven pero con la experiencia y el conocimiento que la vida te da con los años.

Muy lejos estaba el espíritu de esta canción de lo que se pretende en nuestros días de nuestra juventud. Cuando se hizo, la extensión de la democracia como la han llamado, la ley que les permite votar a partir de los 16 años a los jóvenes. Cosa que podremos ver en acción por primera vez en las primarias de este año el 11 de Agosto. El MPN ha reformado su carta orgánica para amoldarla a la nueva ley vigente y los demás partidos también lo deberán hacer.

Las discusiones de los temas de agenda del gobierno son tan vertiginosos que en la medida que salen de la discusión gráfica, radial o televisiva se van perdiendo y dejando de lado. Vimos a los jóvenes en programas políticos tratando de emular una madurez sin experiencia y los programas opositores del gobierno se encargaban de mostrar que lejos está la capacidad de un chico de 16 en las villas con las carencias de una Argentina desatendida y los jóvenes que viven despreocupados de la vida y viviendo descontracturadamente solo pendientes de estar a la vanguardia en la moda o la tecnología.

El voto a partir de los 16 no es obligatorio hasta los 18, se puede emitir o no y es muy probable que la gran mayoría que ejerza este derecho lo haga como sus padres lo indique, como una obediencia debida. Son muy pocos los que van a lograr despegarse de esta actitud, como para tener una iniciativa propia y sin ser influenciados por la pasión que les inspiren sus referentes más cercanos.

Otro panorama que se puede presentar es que quien tenga hijos en esta edad sea de alguna u otra manera condicionado a instruir a su familia a votar al sector que le garantice no perder su asignación por hijo o para que su contrato laboral sea renovado.

Usted podría pensar que este tipo de planteos pueda llegar a ser muy temprano para exponerlo y que ya se ha hablado mucho del tema pero me pregunto ¿el principal participante ha tenido éste último tiempo la suficiente información como para saber lo importante de este derecho que hoy le pertenece y lo compromete?

Pensar en los procesos de la formación de nuestros jóvenes es asumir a ese proceso como una herramienta política para el diálogo político y cultural. Es decir, formar para poner en diálogo los contextos y su complejidad, realidades sociales, políticas, culturales y también tensiones, relaciones de poder, problemas, dificultades, fortaleza y obstáculos.

El desafío es la construcción de una ciudadanía activa y comprometida con la transformación social. Comprometida para poder cambiar las cosas a partir de la organización y la participación de las cuestiones que nos involucran.

En otras palabras, pensar en la transformación implicar asumir el compromiso de formar jóvenes protagonistas de la historia, reflexivos y críticos de lo que paspo y lo que pasa para poder tomar parte, decidir y construir una Argentina más digna de ser vivida.
En este contexto, no hay que restarle importancia a la lectura de textos para discutir la problemática del país y llegar hasta lo más complejo que supone un Proyecto Nacional y Popular.

Cuando los participantes son las jóvenes audiovisuales, la historia nos brinda la narración secuenciada y la inmediatez del relato gráfico. La interacción del dibujo y la palabra, su fusión en un lenguaje nuevo cuya grafía es rápidamente comprensible para todos, dinamiza el flujo de la información y eso ayuda a entender que nos está pasando como pueblo.

Dígame usted si no se le ha hecho mucho más fácil entender las cosas que nos han sucedido como país, incluso con un toque de humor, cuando hemos leído y visto esas pequeñas situaciones de nuestra queridísima Mafalda o las andanzas de don Inodoro Pereyra “El renegao”, el remate de algunas frases de Gaturro o el acerbo popular de Don José Hernández y sus relatos en lunfardo de la miseria del gaucho de la época. Todos personajes del invento en la imaginaria de sus autores pero con relatos de nuestra vida cotidiana y de nuestra historia. La gráfica acompañada de algún dibujo, fija una expresión en nuestra mente que debemos promover para que ese mismo efecto también llegue a nuestros jóvenes.

En este sentido, las historietas siempre han estado marcando profundamente nuestra formación. Hay cuadritos que han quedado grabados en la memoria popular por años. Sigo recordando y se me viene a la memoria algo que hace poco lo ha utilizado para cuestiones políticas La Campora. Quizás usted recuerde la historieta de Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López en el “Eternauta”, la historieta nacional ha demostrado ser un instrumento de comunicación de ideas de primerísimo nivel.

En el momento en que charlamos sobre lo que ha pasado en nuestras vidas y como ese relato personal favorece la aparición de la identidad popular y de aquellos momentos fundantes que nos definieron estaremos en ese punto justo edificando para que cada uno de aquellos que realmente tenga el interés por cambiar las cosas que no se han hecho o se han hecho mal piensen que pueden salir de la inactividad, dejando de ser unos meros observantes de las circunstancias aún en una corta edad. Si nuestro gobierno cree que los jóvenes pueden elegir quienes son los que regirán los destinos de nuestro pueblo como también de los que harán nuestras leyes, también deberían proporcionar esos espacios para que desarrollen esa madurez.

Fuera de estas historietas del pasado han quedado infinidad de hechos históricos; y está bien que así sea. Pues las nuevas se podrán mirar y narrar en la distancia para que en nuestro lenguaje actual podamos entender el por qué de nuestra situación actual. Siempre tenemos la oportunidad de dar el puntapié inicial, en algún relato, en una charla de café entre amigos, en el asadito de los viernes, frente a nuestros alumnos del colegio, en nuestra sede partidaria, en nuestros mensajes panfleteros que cada día publicamos en el face o a la luz de la luna con la persona que uno ama. Siempre la vida nos está dando oportunidades para desandar lo poco o lo mucho que sabemos y plantar un poco de aliento y conocimiento.

Yo siempre tengo la esperanza que de que este humilde lugar pueda aportar mis limitados conocimientos y digo limitados pero solo lo hago por la expresión. Me sucede muy a menudo que en mi cabeza tengo tantas cosas que no se por donde comenzar ni que palabras utilizar para no ser tan reiterativo y que por otro lado sean entendible. Me pongo frente a la computadora y cuando aparece una palabra empiezan a fluir las otras y después no me alcanzan las carillas porque me excedo en las palabras.

El ser humano siempre se ha hecho comprender aún cuando su modo era con señales. Me veo a mi mismo y no tengo punto de comparación porque todos aprendemos de diferente manera la única diferencia está en la actitud. Quien ama enseñar y quien ama aprender serán edificados por una ley natural del aprendizaje cuando estos parámetros no se respetan las cosas salen forzadas y no traen nada bueno.

Creo que nuestro país se merece ampliar el horizonte su democracia pero nos falta madurez. Si no se respeta lo que ya está escrito, como nuestra Carta Magna ¿cómo adquirir nuevas responsabilidades? Queda muy bien para un discurso populista pero en la práctica vemos que andamos desorientados y confundidos por unas telarañas de ambiciones políticas más que una buena intensión de democratizar. Movidos por esta mismas intención nos envolvieron en una pelea sin cuartel con la Ley de Medios y ahora nos lleva a que estemos pendientes de la discusión por la democratización del Poder Judicial, pero los problemas verdaderos no están ni siquiera en el desayuno de aquellos que lo tienen que arregla como la inflación, inseguridad, pobreza, educación y otros tantos temas más que los argentinos padecemos.

Mis queridos amigos tenemos derechos y obligaciones y el respeto a tan solo a estas dos magnificas palabras nos garantiza vivir tranquilos en sociedad. Solo debemos recordar y enseñar el alcance de las mismas a nuestros jóvenes y aquellos que dicen ser maduros en nuestra querida democracia de la que debemos ser cuidadores vigilantes.

Un abrazo de este humilde servidor y hasta la próxima entrega.

Charly Hernández

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