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Historia

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¿Cómo llegaron a Rincón Normanda Lara y Juan Urrutia?

El matrimonio Urrutia-Lara vive en la ciudad desde sus inicios. Normanda nació antes de que Rincón fuera una ciudad y Juan llegó en 1970 desde Malargüe. Ella fue tesorera de Pedro Sánchez, primer presidente de la comisión de fomento de la ciudad y afirman que “Rincón es la vaca lechera de la provincia pero que nadie hace nada por él”.
Darío Hernán Irigaray
Por Darío Hernán Irigaray

Normanda Lara nació el 23 de enero de 1951, en la zona de Rincón de los Sauces, cuando todos eran puestos y campos. “Mi padre contaba que aquí todas eran estancias. Él había nacido en 1914, fecha de la recordada inundación que arrasara con personas y animales.

“Muchos familiares de él murieron en ese tiempo, además de perder toda hacienda”, cuenta “Norma”, como le dicen todos.

Esta mujer de 59 años nació en la casa de sus padres, quienes siempre tuvieron sus tierras en zonas aledañas a la costa, en el actual barrio privado de Repsol YPF.

“Yo nací en el barrio de YPF, en la casa de mis padres. Mi familia siempre vivió al lado de lo de Cano, quien era primo hermano con mi papá. Muchos de nuestros familiares se fueron luego de la crecida pero mi papá se quedó y siguió con sus animales. Él siempre vivió de su capital”, dice.

Cuenta Norma que cuando ella era chica, toda la zona del barrio petrolero era campo. “Sólo se encontraba la casa nuestra, otra a un kilómetro y otro puesto más lejano, el de los Tapia”.

“Donde está actualmente el barrio de YPF plantábamos maíz, alfalfa y dejábamos los animales. Cuando llego YPF, le pidieron permiso a mi tía, que estaba en la orilla del río, si podían usar unas sombras muy lindas para poner unos trailers. Ella les dijo que sí y cuando llegó la sismográfica, se fueron quedando. Luego se fueron metiendo y tomando la tierra para el lado donde estaba mi padre y fueron ocupando el lugar, hasta que un día tuvimos que llevar los animales al puesto que tiene mi familia, unos 20 kilómetros fuera de Rincón”.

Según las autoridades de YPF, los terrenos eran fiscales pero Normanda Lara asegura que eran de su familia y lo fueron desde siempre, pero que, lamentablemente, sus ancestros perdieron los papeles que acreditaban su propiedad.

Normanda nos cuenta que vivía en una casa de adobe y recuerda que su padre le contó que plantó un duraznero el día que ella nació, el cual sigue vivo, frente a la casa donde naciera y vivía su abuela, hasta hace pocos años.

En aquellos tiempos era muy difícil ir a la escuela, ya que había que asistir a Buta Ranquil, Fue entonces cuando su padre decidió enseñarles a leer por su cuenta a los hijos. Cuando fue un poco más grande, Norma quiso terminar la primaria y llegó hasta sexto grado, momento en que abandonó la escuela luego de que su papá cayera enfermo y tuvo que dedicarse a atenderlo.

En el año 1970, un joven mendocino se acercaba junto a dos amigos para “probar suerte” en la zona. Era Juan Urrutia, quien llegó a la localidad el 20 de marzo de ese año y comenzó a trabajar en la ya incipiente actividad petrolera.

El 20 de diciembre de 1971 Normanda fue testigo de la fundación de Rincón de los Sauces. “Yo fui la secretaria tesorera que tuvo Don Pedro Sánchez, el primer presidente de la comisión de fomento que tuvo la localidad”.

“Contaba con casi 20 años, recuerdo que la fundación del pueblo se hizo en la plaza y allí se puso la piedra fundamental y enterraron el cofre con el pergamino y las cosas de la época. Pedro Sánchez era muy querido y fue un buen intendente”.

Norma agrega que muy poca gente se hizo presente ese día y recuerda a Don Felipe Sapag, a Salvatori y Ceferino Jadul, por mencionar algunas personas.

Mientras tanto, Juan Urrutia ya trabajaba en Puesto Hernández con Jadul y construían toda la cañería de la batería para YPF. Un día fue invitado a un casamiento de un primo de Norma y ahí fue donde nació el amor.

“Él dice que ya me había visto antes, pero yo era la primera vez que lo veía”, cuenta Norma y agrega que estuvieron de novios 3 años. Se casaron el 5 de junio de 1975 y el padrino de casamiento fue Pedro Sánchez.

La pareja tuvo dos hijos de sangre, Jean Marcelo de 32 años y Cintia Noemí de 23 y “uno del corazón”, Marta Moreno, de 40.

Jean les ha dado dos nietos, Juan Martín de 4 años y Marcelo Nahuel, de 1 año y medio, mientras que Cintia, tiene una nena de 1 año y dos meses, Mariangel Eluney Mercado.

En el caso de “la hija del corazón”, Norma cuenta que esta mujer fue criada por su familia y que tiene un hijo llamado José Gabriel Barros. “La mamá de Marta trabajaba para mi padre y su hija comenzó a hacerme compañía, cuando Juan se iba a trabajar y me dejaba casi todo el día sola”, agrega Norma.

En un principio, tanto Norma como Juan trabajaban. Ella lo hacía en una empresa contratista y prestaba servicios en cafetería y limpieza, mientras que su marido trabajaba en empresas petroleras.

“Yo trabajaba en YPF, en la parte de almacenes y luego de un año ingresé a Petrotec, que después se transformaría en Pride San Antonio. Allí estuve 4 años y luego fui empleado en Quitralco, en el sector de terminación, en los equipos”, agrega él.

Cuando Juan ingresa a YPF, le pide a su mujer que deje el trabajo y se dedique de lleno a la familia. Fue entonces cuando, para no estar tan sola, Norma le pidió a la mamá de Marta que la dejara llevar a su casa, para que le hiciera compañía. “Martita tenía 7 años y ya se quedó a vivir con nosotros”.

Ya habían nacido sus dos hijos cuando en una oportunidad su marido le pregunta si no quiere lavar unos mamelucos y fue entonces cuando decidieron poner un lavadero.”Yo tenía a los chicos y seguía con el lavadero, pero cuando empezamos a tener demasiada competencia, vendimos las máquinas”, cuenta Norma.

Entre las anécdotas de aquellos primeros tiempos, Norma recuerda que todo era campo cuando se levantaba muy temprano y junto a una amiga se iban a trabajar a las 6 de la mañana “con una linterna para poder alumbrar el camino”.

“Éste debería ser el pueblo número uno de la provincia y acá no hay nada. Para mí la única esperanza es que cambie el gobierno, tiene que haber alguien que le guste trabajar para el pueblo, porque Rincón es la vaca lechera de todo Neuquén, te da el petróleo y el gas, todo sale de acá y no vuelve nada”, asegura Juan.

En la actualidad, Urrutia trabajo en la provincia, en el sector de Salud y fue durante unos años chofer de ambulancias, mientras que ahora se dedica a tareas de mantenimiento.

“Si vos comparás con otras ciudades, acá no se ha hecho nada y parece que nadie cuida las cosas, rompen todo, no cuidamos nada. Hay a veces tantas cosas lindas y no se cuida nada”, dice Norma.

“Yo creo que la gente es muy dañina. Recuerdo cuando un vecino nuestro, Altamirano, plantó doscientas rosas y en la noche la gente le robo más de la mitad. La gente es muy dañina”, agrega Juan.

Tanto Juan como Norma no son muy optimistas en cuanto al futuro si sólo se piensa en el petróleo. “Ahora por suerte, le están dando algo de bolilla a los productores y han entregado algunas semillas, pero deberíamos pensar un futuro más allá del petróleo, sino la gente se va a ir. Nosotros no, porque somos nativos de acá, pero se debería pensar otra cosa para el futuro”, concluyen ambos.

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