Si hay que hablar de un ejemplo de madre, hay que nombrar a Donatila Veloso, llamada por los que la conocen como “Tila”. Ciudadana rinconense desde hace más de treinta años. Nació en Buta Ranquil el 17 de noviembre de 1931 y siempre vivió en la zona. Se afincó en Rincón cuando todavía no había sido fundada la ciudad, allá por la década del sesenta.
Hoy en su casa teniendo en brazos a su bisnieta Naomi, de tan solo tres meses, nos recibió muy gentilmente, contándonos su vida en la ciudad y hasta dándonos consejos para las mamas primerizas.
Su vida giró en torno a la crianza de sus hijos naturales y adoptivos. Su deseo y amor por los niños es tan fuerte que le permitió criar a siete hijos y varios más, de los que se hizo cargo y adoptó de corazón. Hasta cumplió el rol de partera durante aquellos años en los que no existían médicos en Rincón.
Vivió hasta los 28 años en la ciudad de Buta Ranquil, edad en la que encontró a su compañero de vida y se casó. Su esposo se llamaba Delfín del Carmen Pichún quien falleció el 17 de noviembre del año 1998, hace casi 10 años.
Luego de contraer matrimonio vivió un tiempo en el campo, donde tuvo a todos sus hijos “sin que nadie le alcanzará ni un vaso de agua”, comentó orgullosa. Con el tiempo se trasladaron a Rincón, allá por el año 1960.
Primero fue su marido el que se mudó por razones de trabajo, trasladaba caños para comenzar a hacer las excavaciones de los pozos en el campo, “del petróleo ni se hablaba en esos años”, dijo Donatila.
En esa época la zona de la costa estaba llena de “casuchas” con techos de chapa que era sacada de los barriles que se conseguían entonces, se sostenían en troncos y las paredes eran de madera. En invierno sufrían mucho el frío y se calentaban con brasas, donde está hoy la ciudad solo eran medanos. Trabajando y llevando una vida muy sacrificada, luchó por criar a sus hijos de la mejor manera posible.
Cuando comenzaron a venir las empresas a la ciudad consiguió un empleo como mucama en YPF. Recordaba que se levantaba a las cuatro de la madrugada para ir caminando hasta su trabajo y la nieve le llegaba hasta las rodillas, “era todo tan oscuro”, nos decía. Pero necesitaba trabajar para poder alimentar a todos sus hijos.
Reconoce que su vida estuvo llena de sacrificios pero que criar hijos siempre le gustó y es notablemente su pasión. Tantos nietos y bisnietos tiene, que ya hasta le cuesta recordar los nombres de todos.
Sus hijos de mayor a menor son, Delfín, de 50 años de edad, Doralisa, de 53 años de edad, Trinidad, de 49 años de edad, Agustina, de 46 años de edad, Agustín, de 42 años de edad, Orlando, de 40 años de edad y Martina, de 30 años de edad. Todos juntos suman siete. Junto a ella fuimos calculando, hijo por hijo, llegando a contar 30 nietos quienes a su vez le dieron 35 hermosos bisnietos.
Entre sus nietos pudo recordar, a Juan, Andrea, Lalo, el Pelado, Ayelén, Vanina, Johana, Kico, Claudia, Roxana, José, Hugo, Alejandra, el Pelado, Yamila, Alejandro, Laura, Gabriela, Rosita, Graciela, Rosa, Eli, Karina,y aunque puso mucho esfuerzo, su memoria no le permitió acordarse de los demás.
Con casi setenta y siete años de edad y muchos hijos criados, todavía siente ganas de estar rodeada de chicos, goza de muy buena salud y está convencida de que hizo todo lo posible por darles lo que necesitaban. Donatila vio a Rincón desde sus comienzos, hasta estuvo en la fundación de la ciudad junto a Sapag, allá por el año 1971 y no deja de sorprenderse de la manera en que creció todo.
Actualmente vive en una casa en la zona de la Costa, cobra una pensión del marido que se jubiló en la municipalidad. Ella se ocupa de mantener su casa impecable y para subsistir mejor tiene algunas gallinas y huevos, que a veces los vende para sumar a sus escasos ingresos.
Con respecto a la crianza de sus hijos aseguró que es importante enseñarles las cosas desde muy chicos, de está forma cuando son grandes aplican esos aprendizajes, citando la frase “Quien lo ve chico, lo ve grande”. También nos contó que la jueza de la ciudad en forma de broma le decía “chiva guachera”, porque criaba a todos los chicos
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