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Opinión

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La columna de Charly Hernández

¿Qué es la filosofía? Sino el esfuerzo de pensar, pensar mejor para vivir mejor. Es por eso que tenemos la necesidad de filosofar.
Horacio Beascochea
Por Horacio Beascochea

Pensaba que les podría compartir en esta oportunidad mientras escuchaba el ruido ensordecedor del viento con ráfagas de más de 100 km hs volando techos y teniendo que suspender algunas actividades dentro de nuestra ciudad. Por lo general estos vientos nos mandan a guardar encerrándonos en nuestros hogares y poniéndonos de mal humor. ¿Escribiría de política? Mi mente estaba bastante saturada de escuchar siempre lo mismo y de cómo cada vez que hablan los referente partidarios tratan de decirnos lo buenos que son.

Entonces me dije busquemos algo que le haga un poco mejor a nuestras mentes y que refresque el alma. Fue entonces que me acorde unas palabras que me susurrara hace muchos años un intendente cuando estaba dispuesto hacer una reseña invitado como orador para dejar inaugurada la plaza en memoria de un periodista de raza como lo fue Rodolfo Walsh.

Yo había hecho el pedido ante el Concejo Deliberante para que llevara ese nombre y como de las tantas cosas que sugiero no son tomadas en cuenta esta hizo la diferencia. El intendente, en esa administración, me susurro al oído “Charly no filosofes demasiado”.

La tomé con humor la recomendación del funcionario y mi mente carburó con mucha rapidez tratando de reflexionar para mis adentro ¿me lo habrá dicho por las largas reflexiones que suelo hacer en mi programa de radio? que por ahí me llevan a divagar entre filantropías e utopías de grandes pensadores que por su condición de haber poseídos mentes muchos más abiertas que las mía han podido expresar con mejor calidad de palabras lo que poseo en mi corazón. Sea como sea no me extendí mucho e hice mi papel de chico bueno para con los oyentes y funcionarios presentes.

La mente, diariamente, piensa muchas cosas pero solo se detiene cuando se siente identificada con aquello que nos gustaría ser o vivir y nacen nuestras expresiones de deseos que suelen imprimirse con bellas frases. ¿Por qué deberíamos dejar o no de filosofar? Esto no se trata de un deber moral, sino de una necesidad. La vida están difícil que tenemos necesidad de utilizar nuestra inteligencia para vivir un poco mejor al fin de cuentas ¿Qué es la filosofía? Sino el esfuerzo de pensar, pensar mejor para vivir mejor. Es por eso que tenemos la necesidad de filosofar.

“Lo contrario de la sabiduría es la estupidez” o dicho de otra forma, el amor a la sabiduría consiste en intentar vivir de manera un poco menos estúpida, un poco más inteligente para ser más felices. Uno se convierte en filósofo porque se descubre más dotado para el pensamiento que para la vida. Cuando esto sucede es normal que uno ponga su pensamiento al servicio de su dificultad para vivir.

La filosofía puede ayudarnos tomando distancia con nuestro pequeño yo. Se trata de pensar la verdad y la verdad no es un sujeto, no sos vos ni soy yo. El pensamiento verdadero (o parcialmente verdadero) es una especie de descentramiento respecto al yo. Y es también una lección de lucidez; creo que somos infieles a nuestros pensamientos porque nos las pasamos pidiéndole a la vida cosas que no nos puede proporcionar y luego está la tendencia espontánea de reprocharle porque no satisfizo nuestras esperanzas.

Lo cierto es que la vida no es lo que nos gustaría que fuese. Si la filosofía nos enseña algo es que, si la vida no se corresponde con nuestras esperanzas, no es por la culpa de la vida, sino de lo infundado de nuestras expectativas. La filosofía nos enseña a esperar un poco menos y actuar, y amar, un poco más. Porque, en el fondo, la esencia del hombre es el deseo.

El deseo se expresa en la esperanza, la voluntad y el amor. ¿Qué diferencia existe entre la esperanza y la voluntad? Que la esperanza es un deseo cuya satisfacción no depende de nosotros (como decían los Estoicos) mientras que la voluntad sí. Se comprende que hay más felicidad en el hecho de desear lo que depende de nosotros y hacerlo (porque querer es una parte de actuar) que en desear en lo que no depende de nosotros, que solo nos lleva a esperar y a temer por si no se logra materializar.

Alguien una vez dijo “no hay esperanza sin temor, ni temor sin esperanza”. La clave está en desear lo que uno hace y en hacer lo que uno desea. A esto se lo denomina la felicidad en acto. En el fondo se trata de esperar un poco menos y actuar un poco más. Entre la esperanza y el amor es que la primera es un deseo que se dirige a lo que no existe en ese momento, a lo irreal, mientras que el amor es un deseo que se dirige a lo que existe, a lo real. Se espera solo lo irreal pero se ama lo real. Es fácil comprender que hay más felicidad en desear lo que existe (es decir en amar). No se trata de prohibir la esperanza sino de aprender actuar y amar. Aprender a actuar es un mensaje del estoicismo, que es una sabiduría de la acción. Aprender amar es el mensaje del epicureísmo y se podría decir también de los Evangelios. Ahí están los dos orígenes de la sabiduría de Occidente. Esperar un poco menos, actuar y amar un poco más. Debemos comprender y finalmente practicar.

El amor es deseo y se desea lo que falta. Estar enamorados significa descubrir que alguien nos falta terriblemente, que ya no podemos vivir sin esa persona. Y se intenta seducirla. Eso puede suceder o no. Si no sucede, la falta continúa y aparece “el mal de amores”. Si al final se consigue seducir a esa persona, podrán vivir juntos, tener hijos… A fuerza de compartir cama y vida todos los días, la persona que faltaba cada vez falta menos. Si el amor surge como deseo de lo que falta, al vivir juntos, ya no hay falta y suele aniquilar el amor y la pasión con el tiempo. Una terrible realidad que no todos quieren aceptar pero que la terminan viviendo.

¿Qué es lo que hace más soportable esta situación? Los hijos, porque la vida es más preciosa que la serenidad y que la sabiduría. Si lo que más ama uno es la serenidad entonces lo mejor es no tener hijos. Pero, si por lo contrarío, uno ama más la vida que la serenidad entonces merece la pena tenerlos. La vida en sí es más preciosa que la sabiduría pero la sabiduría es la que te enseña amar la vida tal como es. Feliz o infeliz, sabia o estúpida. Es por eso que yo amo la vida. A menudo digo que no se trata de amar la felicidad, cualquier idiota puede hacer eso, y amar la sabiduría, cualquier filósofo lo está haciendo constantemente al punto de la vanidad. Todas esta cosas solo son herramientas para poder estar en la búsqueda de que en nuestras vidas exista la felicidad a pesar de que no todos los días este presente.

Al recorrer el mundo de los pensamientos uno se da cuenta que tan poco utilizamos lo que tenemos, lo importantes que somos, en lo individual como en sociedad. Este gran mundo que solo se reduce a vivir de la mejor manera posible ante cualquier inclemencia que pueden ser provocadas por agentes externos como por nosotros mismos.

En Oriente existe una especie de aguilucho que según van pasando los año hace un ritual que es todo un espectáculo poder ver. Se interna en un lago y comienza a elevarse hasta lo más alto que puede y luego se lanza en picada zambulléndose sobre las aguas. El impacto es tan fuerte que al animalito le cuesta recuperarse quedando varias de sus plumas flotando en el agua. Esas plumas ya no le servían y tenía que deshacerse de ellas. Toma vuelo nuevamente dejando ese lastre que ya no le sirve y que hacía pesado su andar. Esto lo repite un par de veces en su corto existir. Este ejemplo de la naturaleza nos indica que debe llegar un momento donde debemos buscar los modos para ir desechando lastres de nuestra vida que solo nos hacen caminar más lentamente hacia nuestros objetivos. Cosas que nos pesan en el alma y el corazón.

En esta columna hemos filosofado un poco pero agilizar la mente hace bien a la salud mental. Lamentablemente la vida nos enseña que cuando ya estamos listos para empezar a vivir debemos partir. Cuando se logra esa madurez mental sobre qué es lo más importante para nuestras vidas dejando esas pasiones juveniles, la salud física no suele jugar malas pasadas. Pero a pesar que el cuerpo no nos acompañe en ciertos momentos del recorrido entonces hagamos que la mente sea ese agente seductor de pensamientos para tender puentes en el avismo para aquellos que vienen detrás nuestro sobre nuestras pisadas.

Un gran abrazo y Dios ilumine nuestro entendimiento.
Un servidor Charly Hernández.

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