Por estos días el tema recurrente, y que también divide la opinión de los argentinos, es la salud de la Presidenta y la asunción interina del vice, Amado Boudou. A la señora se la ha visto muy demacrada aunque para profesionales en la materia, su intervención, debería ser de bajo riesgo. Una foto que la mostró de una manera afectada transformó a los opinólogos de la calle en médicos expertos que daban un diagnóstico de su salud. Aunque poco creíbles.
La calle es un caldo de cultivo para las conjeturas de lo que se debería o no hacer en el gobierno argentino para estar un poco mejor o por lo menos para cierto sector de nuestra sociedad que no está contenta y se siente que solo se gobierna para unos pocos que se están volviendo cada día más ricos. La convivencia entre los sectores medios y el kirchnerismo ha atravesado durante estos diez años en una relación de amor y odio. Una amplia franja de ese sector social lideró los cacerolazos contra el oficialismo desde septiembre del año pasado y votó por otras opciones políticas en las PASO de agosto. Sin embargo, es una franja social que más se ha beneficiado por la política pública.
Un informe reciente realizado por la consultora W reveló que desde el 2004 a la fecha se ensanchó la porción de la clase media en la pirámide social al pasar del 39 por ciento a casi la mitad de la población. Los datos van en la misma línea por lo difundido en noviembre del año pasado por el Banco Mundial, que afirmó que entre el 2003 al 1009 se duplicó la clase media, lo que convirtió a la Argentina en el país latinoamericano con mayor porcentaje de crecimiento en ese segmento de la población. Resulta evidente, entonces, aquella máxima “es la economía, estúpido” que consagró el ex presidente estadounidense Bill Clinton para explicar lo que le garantiza el triunfo a una fuerza política no se corresponde con este caso particular.
El historiador Ezequiel Adamovsky, escritor del libro “Historia de la clase media” dice “es erróneo pensar que la mejora económica de un sector social se traduce en la manera inmediata en el apoyo al gobierno que genera esas mejoras”. A su vez, Javier Zalaznik, politicólogo de la Universidad Torcuato Di Tella, advierte acerca de las limitaciones de captar la idea de clase media únicamente por su nivel de ingresos. “La experiencia de un profesor universitario con un salario de 8.000 pesos es diferente a lo de un trabajador camionero o petrolero que pueden ascender hasta los 20.000 pesos” ejemplifica. “En el segundo caso hay una identificación y una solidaridad de clase trabajadora que está ausente en el primero y que sin embargo tiene un ingreso mayor. Por lo tanto me parece que el primer problema es enfocar en el nivel de ingreso la definición de clase social. Hay otras categorías que tienen que ver con los atributos y la auto percepción que definen la condición de clase” define Zelaznik.
Más allá de las dificultades metodológicas, Adamovsky cree que “la pérdida de votos en de los sectores medios por parte del kirchnerismo en la PASO se debió a dos factores: la dispersión que suele darse en todas las elecciones legislativas y una sensación de cansancio por parte de esos sectores ante un discurso que es mucho más radical de lo que en la realidad son las prácticas de gobierno”. También advierte que “la clase media no vota en bloque determinada opción electoral” y por lo tanto entiende que “hay una porción importante en los sectores medios que sigue votando al gobierno”.
A partir del 2008, cuando se desató el conflicto con las entidades agrarias, el kirchnerismo reactivó un discurso anti clase media surgido durante la resistencia peronista y de los años setenta. Sin embargo, al igual que en los sesenta y setenta, este discurso anti clase media tiene mucha resonancia entre personas de sectores medios que están de acuerdo con ese discurso y por lo tanto no solo no lo rechazan sino que lo toman como propio.
El politólogo Germán Pérez del Instituto Germani, va más allá e incluso entiende que a lo largo de estos diez años el kirchnerismo se preocupó por contener en su base social a los sectores medios. Lo que hizo en su primer periodo el kirchnerismo fue reconstruir la figura y la autoridad presidencial alrededor de un conjunto de demandas que tenían que ver con las libertades públicas, la división de poderes a partir de la renovación de la Corte Suprema y la ampliación de los derechos. Se trataba de un discurso que buscaba garantizar derechos de carácter democrático liberal, muy caros a los valores de una clase media progresista y esto le sirvió en el 2008 para reforzar la alianza con esos sectores.
Si bien en ese momento se definen más claramente los antagonistas, el discurso sigue inscribiéndose dentro de ese relato democrático liberal: medidas como el matrimonio igualitario, la identidad de género y la ley de medios interpelan a los sectores progresistas de la clase media. En esos sectores progresistas que acompañan al gobierno se encuentra, como se los denomina, el núcleo duro del kirchnerismo. Son los que se vieron seducidos por la agenda del gobierno allá por el 2003, que recupera y lleva a la centralidad política por sobre la económica, marcando una inversión con respecto de lo que había sucedido en los noventa. Sin embargo, advierten, todos estos conocedores, historiadores y politólogos, que con eso no es suficiente para asegurarse las mayorías.
Ese discurso le permitió lograr una inserción en los sectores de clase media, cualitativamente importante pero que cualitativamente es limitado. La pérdida de votos en los sectores medios que se dio en las últimas elecciones obedece a cuestiones que se dan en dos planos, en las cuestiones económicas, siente que han sido afectados en su capacidad de ahorro. Históricamente la clase media tuvo dos mecanismos tradicionales de ahorro que tuvieron que ver con la adquisición de dólares y la compra de propiedades. Actualmente se cortó estos dos accesos a esas dos vías de ahorro. La alternativa que queda es el consumo pero una vez que se renovó el auto y se compraron todos los electrodomésticos necesarios, esa vía queda saturada. Por lo tanto ahí surge un foco de descontento.
El otro elemento que les resto votos al kirchnerismo tiene que ver con una cuestión de estilo. Me parece que la personalidad de Cristina irrita a ciertos sectores. Tiene un discurso de una gran elaboración argumentativa pero que a la gente que la vota no la entiende y la que la vota la hace irritar. Más allá de la merma de la representación los especialistas que les he tratado de exponer descreen de que se profundice el divorcio entre los sectores medios. Muchas de las medidas que toma el kirchnerismo actual tiene que ver con la demanda de la clase media. La medida de subir el mínimo no imponible del impuesto a las ganancias y la actualización en el monotributo son los ejemplos más recientes pero hay que seguir muy de cerca el discurso y la práctica.
El discurso por el momento es muy ambivalente. Un día Cristina Fernández critica a la clase media y otro día dice que es una orgullosa miembro de la clase media con movilidad ascendente. Esto no quiere decir que sea un gobierno que esté en contra de la clase media ni mucho menos. Por lo tanto, es factible que un sector importante la siga votando. Desde el mes pasado y lo que llevamos de éste, el discurso de confrontación a cambiado bastante y los personajes más irritantes para la sociedad se han mandado a guardar. Cristina, que por estas horas está siendo intervenida, en semanas anteriores no ha parado de hacerse presente e ignorando las críticas hacia su gobernabilidad. Empezando con esa serie de reportajes por la TV Pública que más que reportajes son un currículo de cómo llegaron y como siguen en el poder sin meterse con los temas más urticantes de nuestra sociedad.
Ahora deberemos esperar como reacciona la sociedad y si esta convalecencia de esta operación repercute en las elecciones del 27 de octubre. Es un mes donde los diferentes sectores políticos están tratando de capitalizar y captar el voto para restarle poder y limitar las acciones de gobiernos desde lo legislativo y que el oficialismo no tenga mayoría. El kirchnerismo a tenido relación inestable con la clase media pero al momento de votar un Presidente, que son muy diferentes de estas legislativas, puede llegar a seducirlos como lo hizo en el 2011. Para que suceda eso tendrán que salvar sus propios dilemas. Van a tener que generar algún tipo de recambio que atraiga a estos sectores de nuestra sociedad.
Mis queridos amigos, la política no solo apasiona sino que también seduce. Esperemos como se van moviendo las piezas de este ajedrez en la arena de llegar o seguir en el poder.
Un gran abrazo de este servidor. Charly Herández
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